Soy Matías.
Antes que emprendedor, antes que coach, antes que vendedor, antes que comerciante, soy papá.
Papá de Camilo e Isabella, que son mi mayor motor, mi mayor desafío y mi mayor aprendizaje.
Vengo del mundo del trabajo real: del mostrador, del trato con la gente, de los días largos, de levantarme temprano y seguir incluso cuando el cansancio pesa. Aprendí a escuchar mucho antes de saber que eso también era un recuro de transformación. Aprendí a leer miradas, silencios, gestos. A entender que detrás de cada persona hay una historia.
Mi recorrido no fue lineal. Fue de prueba y error, de tropiezos, de volver a empezar. Y ahí fue donde entendí algo que hoy es parte de mi forma de acompañar: nadie se construye sin caerse, y nadie se cae sin aprender.
Elegí formarme como coach porque necesitaba comprenderme mejor, y en ese proceso descubrí que también podía acompañar a otros. No desde la perfección, sino desde la experiencia. No desde el “yo sé”, sino desde el “yo también estuve ahí”.
Creo en la resiliencia como una fuerza cotidiana, no como una frase linda. Creo en las personas que se levantan todos los días a pesar de todo. Creo en el valor del compromiso, la palabra, la presencia y el respeto.
SEVIA también nace desde ese lugar:
desde lo vivido,
desde lo real,
desde lo que no se maquilla.
Acompaño procesos de cambio, de búsqueda, de reconstrucción. No prometo soluciones mágicas. Prometo presencia, escucha y honestidad.
Porque cuando alguien se siente visto, algo empieza a transformarse.